domingo, 18 de mayo de 2008

La dura realidad numérica

Con apenas ocho jugadores, Ausholz cayó ante un rival con evidentes falencias futbolísticas, pero que tuvo la virtud de cumplir con la asistencia reglamentaria. Bronca y fastidio tras la derrota.







Cualquier disciplina se nutre de complejidades, técnicas y estrategias que encauzan en una mayor eficacia a la hora de cumplir sus objetivos. Sin embargo, antes de acceder a ellas, es necesario contar con los elementos básicos permitan dicho desarrollo. Piedras angulares de todo emprendimiento, aportan los cimientos de cualquier iniciativa. Semejante carencia fue la que presentó Ausholz esta mañana: no logró juntar once jugadores y pagó con una lógica derrota que lo alejó aún más de los puestos de vanguardia: fue por 0-7 en Anexo contra Wehen.

La inclinación de la cancha hacia el arco hoy defendido por Gerardo se produjo antes del pitazo inicial. Ausholz se plantó en el terreno con un improvisado 4-2-1, con Pato apenas más adelantado. Desde el primer minuto, Wehen intentó asumir el rol de protagonista. Tardó poco en demostrar que tal empresa le quedaba grande, por dos razones. En primer término, porque su miope visión de juego se convirtió en su principal enemigo. Pero también chocó ante un “Gris” muy bien parado, moviéndose en bloque y, sobre todo, con un gran espíritu aguerrido. La eficaz presión en el mediocampo, sumada al orden defensivo que impartieron los centrales, redujeron al contrincante a una pequeña avalancha de impotencias ofensivas, víctimas del fuera de juego.

El orgullo de Ausholz, que sabe que está para objetivos más ambiciosos, mantuvo el resultado intacto hasta el minuto 27, donde, tras una jugada confusa, el artillero rival acabó con la ilusión de lo que habría sido una hazaña. El 1-0 no acabó con la moral del equipo; sí repercutió en los nervios de algunos jugadores. Juani se ganaría una amarilla a causa de ese ímpetu, tras sucesivas faltas. Culminando el primer período, Wehen estiró la ventaja en dos. Poco, muy poco, dadas las circunstancias.

El desarrollo del complemento fue similar al de los 40 minutos iniciales, pero con una salvedad que sería decisiva: el agotamiento físico. Nuevamente Ausholz plantó resistencia en los primeros minutos. La defensa se endureció aún más, impidiendo definir a Wehen en los metros finales. Tal es así, que el tercer tanto llegaría de tiro libre. Los goles sucesivos –salvo el quinto, tras un grueso error de Geri al salir jugando- llegaron por decantación, a través de un rival al que le faltaron ideas pero le sobraron jugadores. Las caídas ulteriores del arco no afectaron el espíritu del equipo, que incluso planteó una actitud más ofensiva y hasta casi convierte el descuento, tras una corajeada de Fer que besó el poste derecho después de eludir al arquero.

La arremetida final dejó desprotegido el fondo, lo que obligó a Tom a relucir su indumentaria de leñador y derribar a hachazos a toda camiseta que no fuese gris, razón por la cual vio la cartulina amarilla.

El partido finalizó, y la amargura por la derrota fue eclipsada por la incomodísima angustia de sentir que, en condiciones de igualdad numérica, el triunfador del encuentro habría sido otro. La próxima fecha tocará enfrentar nada menos que al líder del torneo. Nada mejor, según viejas voces del fútbol, para sacar a relucir el potencial que este equipo quiere explotar.

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